Amigos, hoy quiero hablaros de alguien muy popular en el mundo de la televisión. Se trata de Risto Mejide. Lo conoceréis por sus innumerables críticas en programas como "Operación Triunfo" o "Tú sí que vales", un individuo que no tiene pelos en la lengua y suelta de cualquier manera todo lo que piensa. Muy odiado, pero a la vez muy admirado por muchas personas. En ese último grupo me encuentro yo, pero me gustaría matizar el por qué. Es cierto que en muchas ocasiones, este señor ha sido demasiado directo y que sus palabras han podido hacer mucho daño tanto a concursantes como a sus respectivas familias. Yo lo he criticado muchísimo, sobre todo en su etapa como jurado de "Operación Triunfo" (programa de televisión anteriormente citado), pero desde que leí su libro "#Annoyomics" hubo algo que me hizo cambiar de opinión. En dicho libro se explica que una buena manera de ganar dinero es molestando. Relata una gran cantidad de ejemplos que así lo demuestran y, bueno, a él le ha servido. Aunque mi intención con esta entrada no es abrir un debate de los que están a favor o en contra de Risto. Quiero hablaros de otra cosa.
El pasado 10 de julio, Concha García Campoy falleció en la provincia de Valencia, concretamente en el famoso hospital "La Fe". Todos sabemos que estuvo luchando durante mucho tiempo contra la leucemia y que ella tenía muchas esperanzas, mucho apoyo y mucha fuerza para seguir adelante y poder seguir trabajando como periodista. Lamentablemente, debido a un "fallo hepático agudo" cayó en coma irreversible. Pocos minutos después, Pedro Piqueras anunciaba su muerte.
Risto Mejide no dudó en dedicarle un artículo, el cuál os adjunto en esta entrada. Dicho artículo fue publicado en ElPeriódico.com, el día 7 de julio.
<<Has decidido que te la llevas>>
“Has decidido que te la llevas. La noticia ha caído como un mazazo sobre la familia. Un mazazo de los que te rompe por dentro pero te une por fuera. Un mazazo que aplasta cada año más de 200.000 familias sólo en España. Otra familia que se ve obligada a recordar que sólo se tiene a sí misma cuando alguien se viene o se va.
Has decidido que te la llevas. No has sido ni para decirlo a la cara. Nos lo has hecho saber desde tu escondite, la putrefacta caverna microscópica en la que llevas meses atrincherado, agazapado detrás de un asterisco que venía en un sobre muy parecido al de las facturas, como si alguien te hubiera pedido la cuenta, el qué se debe, l’addition.
Cobarde, que eres un cobarde. Mal rayo te parta. Ni un mísero aviso. Ni una oportunidad. Te presentas como se presentan los delincuentes y los indeseables, por sorpresa, sin avisar, cuando ya todo es tarde, cuando ya sólo queda alevosía y nocturnidad. Como si te hubiéramos hecho algo. Como si alguien en este mundo mereciese algo así.
Porque has decidido que te la llevas. Vale, muy bien y ahora qué. Nos das la noticia, nos marcas un plazo, nos amputas cualquier esperanza y aún tendremos que darte las gracias por dejarnos algo de tiempo para despedirnos de ella. Nos dejas el tiempo justo para embalsamar tantos recuerdos que no sabemos ni por dónde empezar. El tiempo justo para no poder ni llorar.
Que sepas que no vas a llevártela tan fácilmente. Que sepas que ella piensa plantarte cara hasta el final. Aunque sea lo último que haga. Piensa aferrarse a lo que le queda de sí. Y piensa apurar toda estadística por ínfima que sea, como se apura el último sorbo en pleno desierto, como se estiran esos últimos minutos antes de que vuelva a sonar el despertador.
Pero sobre todo, que sepas que no está sola. Ni ahora ni nunca. Ni antes ni después. Su dolor es el nuestro. Su lucha no se libra sólo en su organismo, sino en el ánimo de todos y cada uno de los que la queremos, la querremos y la quisimos alguna vez. Porque en eso consiste querer de verdad, sufrir lo que se ama y amar lo que se sufre, se esté en el cuerpo de quien se esté. Pero qué hago contándote esto, tú qué vas a saber, si eso tú no lo podrás sentir jamás.
Tú has decidido que te la llevas, y punto. Y eso sí, ahora nos ofreces todo tipo de paliativos. Siniestra palabra. Eufemismos, tecnicismos inútiles para disfrazar el dolor que menos duela. Pero duele igual.
Tratamiento, otra palabra que siempre nos será extraña. Porque esconde lo mismo que esconde cualquier peluca. Un esfuerzo titánico, cotidiano, íntimo y personal por aparentar normalidad bajo circunstancias absolutamente extraordinarias.
Por eso, has decidido que te la llevas y puede que al final hasta te la acabes llevando. Puede que ganes, pero jamás vas a triunfar. Porque hay cosas que nunca podrás llevarte.
No te llevarás su risa. Porque su risa puede contigo. Aunque al final te la lleves a ella, su risa se quedará. Tampoco puedes con su cariño. El que recibe y el que nos ha dado. Cuanto más se apaga ella, más se ilumina el hueco que deja a su alrededor. Y por supuesto, no podrás con su recuerdo. Es demasiado grande para ti. Y para cien más como tú.
Cuídate mucho, porque esto no ha hecho más que empezar. Detrás de tus malditas 6 letras hay mucha más gente que sigue luchando todos los días, desde dentro y desde fuera de la enfermedad. Disfruta aún que puedes. Destruye a discreción mientras te dure.
Nosotros tardaremos más o menos, nos dejaremos más o menos por el camino, pero tarde o temprano, tú caerás. Como cayeron tantas otras antes que tú. Porque vamos a por ti. Y si algo bueno tiene el ser humano, de las pocas cosas buenas quizás, es que cuando queremos destruir algo, cuando de verdad nos lo proponemos, es sólo cuestión de tiempo que lo consigamos. Mira si somos buenos, que a veces hasta lo hacemos sin querer.
Has decidido que te la llevas.
Ahora mírame fijamente.
Porque a mí, miedo, no me das.”
A mí me parece un artículo impresionante. ¿Y a ti? ¿Cuál es tu opinión?
No hay comentarios:
Publicar un comentario